La visión del Turismo Gastronómico


Hoy en día estoy muy abierto a meditar, cada vez que me sirven un plato en cualquier restaurante porque esa comida que voy a disfrutar es, seguramente, el resultado de un largo trayecto con muchas horas de trabajo, muchas manos ocupadas, paisajes lejanos e incluso inhóspitos que con dedicación y de forma tradicional, llevan estas jornadas como un medio de sustento de los pueblos que laboriosamente y distantes en el tiempo, mantienen una tradición histórica de cultivo, cría, pesca o recolección.

Es por ello que cada ingrediente tiene aportes humildes que convergen en muchas recetas, por lo que deberían tener esa misma esencia modesta pero, en la gastronomía de hoy en día, se envuelve muchas de estas recetas en un atmósfera de refinamiento donde la palabra gourmet delimita el lujo y el acceso a un número reducido de personas acomodadas, apartando a muchos sectores de la posibilidad de disfrutar platos en el que sus vecinos o sus compatriotas son los actores de una cultura de colores, olores y sabores de los alimentos que fácilmente los definiría como sus padres y son quienes indirectamente los ponen en el plato para su disfrute.




Seguramente esto no cambiará, pero lo que sí se puede despertar  es el apreciar y valorar un bocado, si estamos envueltos en el génesis de esa receta, ello estimo que aumentara la experiencia de disfrutar un plato con todos los sentidos, además de un sentimiento tal vez de solidaridad o el mayor respeto con todos los actores de esa obra puesta en la escena de un plato o una copa y que se disfruta en cada recorrido hacia la boca.

Aumentar la experiencia de los platos típicos y tradicionales conlleva a conocer el significado simbólico y cultural de los alimentos y su identidad en cada región, por lo que explorar y recorrer las  rutas de los alimentos, a través de servicios y productos turísticos,  promoviendo a su vez el desarrollo rural a través del posicionamiento de los alimentos con identidad territorial y conocer de primera mano la industria de la alimentación sería un buen objetivo, que promocionaría nuestro turismo interno y puede despertar un potencial a retomar la tierra como medio de sustento en muchas regiones del país.

Las rutas gastronómicas y la geografía de las regiones mantienen una simbiosis ideal porque son los alimentos que etiquetan en muchos casos las referencias territoriales, como ejemplo de ello debemos imaginar ir en una ruta gastronómica por nuestros llanos, ello va amarrado para el turismo gastronómico en visitar una hacienda, caminar por los potreros y arriar el ganado, ordeñar vacas, ver la elaboración de quesos y al final del recorrido disfrutar de una buena ración de carne en vara acompañada de las delicias de la gastronomía de nuestro campo;  así que creo podemos imaginar el potencial en los pueblos pesqueros, o en el valle del turbio con los diferentes cultivos que atesora esa tierra de gracia bajo la influencia de María Lionza, nuestros rincones de los páramos andinos donde los cultivos y cría de ganado ovino adornan los paisajes, o las sorpresas que nos guardan las selvas húmedas del amazonas venezolano o los quesos mágicos de cabra que elaboran en Carora.

Nuestras opciones son inmensas y falta mucho por desarrollar y en esos trayectos seguramente disfrutaremos de primera mano de novedosas recetas de tradición familiar que no conocemos.

CdelRio.-

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