El auge del turismo gastronómico, una oportunidad para crecer en Venezuela.
Entonces encontramos regiones como la polifacética región central, con una alta influencia en sus platos con ingredientes y recetas de las migraciones asentadas en la capital del país y la carencia de producción agropecuaria propia.
En la región de oriente, guayana y el caribe que reúne la cálides, vastos paisajes y tupidas selvas predomina en su gastronomía los pescados de mar y de río, también los mariscos y crustáceos y de la tierra los tubérculos, la carne de res y quesos frescos y suaves.
El excéntrico occidente donde existe un alto consumo de las carnes de chivo y de cabra que le otorga un acento en las recetas muy particular en esta región, además de una marcada tendencia a los platos autóctonos, a los platos indígenas y también los de fusión con los europeos.
Los fértiles llanos, con su gastronomía parecida a las zonas llaneras o pampeanas de nuestros vecinos suramericanos donde el la tendencia es un alto consumo de carne de res y animales de caza, ademas de la cantidad de producción de los derivados de la leche.
Por último y donde manifiesto un especial cariño por la cantidad de años que viví en los andes, es una región muy sobria y hospitalaria con una cocina muy arraigada en los cultivos de papas, y otros tubérculos, también la particularidad de sus sembradíos de trigo, pero también una muy focalizada gastronomía con abundante presencia de carnes de ganado vacuno y a mayor altura de ganado ovino.
Cada una de estas zonas y sus paisajes, además de sus actividades en la cadena de alimentación, serían un buen objeto de evaluación y mapeo para rutas de turismo gastronómico en los que dulces, bebidas, comidas, ademas de las actividades de cría, reproducción siembra y los procesos de transformación brindaría una experiencia a los visitantes mas allá del simple acto de comer, porque estarían envueltos desde su génesis en una experiencia en la que confluyen nuevas vivencias en un acto de degustar un platillo en el que se debe poner todo el esmero para que el cierre de la visita sea un manjar digno de un dios para que la decisión de escoger ese destino de turismo gastronómico se haga eco para aquellos turistas que busquen aventurarse con saberes y sabores.





